La verdadera ecuanimidad, dice Kaira Jewel Lingo, de ninguna forma es indiferente o descuidada -es inclusiva y amorosa-, y es la base de la valentía espiritual.

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Hay un poder que nos puede ayudar a enfrentarnos con los retos intensos que todos enfrentamos -Covid-19, el caos climático, racismo, la ruptura económica y política. Ese poder es la ecuanimidad, una de las caras del amor.

En su libro Compassion and Emptiness in Early Buddhist Meditation [Compasión y vacuidad en la meditación budista antigua],  Bhikkhu Analayo distingue los cuatro Brahmaviharas, o mentes inconmensurables -las cuatro cualidades del amor verdadero- usando imágenes del sol. Metta, o amor amistoso, dice, es como el sol a medio día, brillante y fuerte, brillando hacia todos. Para karuna, compasión, la imagen es la del sol en el atardecer, encontrándose con la oscuridad del sufrimiento con ternura y cuidado. Mudita, la alegría empática, lleva la imagen del amanecer, dando brillo a todo a su paso, moviéndose hacia arriba con frescura e inspiración. Y la imagen para upekkha, ecuanimidad, es la de la luna llena reflejando la luz del sol en el cielo vasto y despejado de una noche clara.

La ecuanimidad no es indiferencia o frialdad. No significa que no ames a todos tus hijos; significa que amas a todos tus hijos sin discriminación.

En esta analogía, el amor amistoso, la compasión y la alegría tienen una cualidad cálida, como el sol mismo, mientras que la ecuanimidad es más fresca; la luna llena que sólo refleja los rayos del sol. Esta cualidad más fresca no significa una falta de cuidado. La ecuanimidad está llena de amor. Es una cara del amor. Lo que es único acerca de la ecuanimidad es que ayuda a poner en balance los otros tres aspectos del amor de tal modo que no nos quememos y agotemos en nuestro cuidado; en el expresar los otros aspectos del amor a otros. Nos mantiene aterrizados. Sin ecuanimidad, nuestra compasión puede convertirse en fatiga de compasión; podemos volcarnos al grado de que nos quedemos exhaustos o sobre-identificados con la situación. La ecuanimidad nos puede ayudar a mantenernos con recursos y en nuestro centro.

Upekkha en pali se traduce a menudo como “ecuanimidad”, “desapego”, “no-discriminación”, “imparcialidad”, “tolerancia” o “dejar ir”. La palabra está formada del prefijo upa, que puede significar “sobre” o “alrededor”, y la raíz ikh, que significa “mirar” o “ver”. Es la capacidad de ver la imagen completa, como desde la cima de una montaña; percibir una situación en su completud sin parcialidad. Gil Frondsdal dice que upekkha “se refiere a la ecuanimidad que surge del poder de la observación, la habilidad de ver sin quedarnos atrapados por lo que estamos viendo”. Él explica, 

Upekkha también se puede referir a la facilidad que surge al ver la imagen más grande, la pantalla completa. Coloquialmente, en la India la palabra a veces es usada para referirse al “ver con paciencia”. Podríamos entender esto como”ver con comprensión”. Por ejemplo, cuando sabemos cómo no tomar las palabras ofensivas de modo personal, somos más capaces de dejar de reaccionar cuando son dichas. En vez de reaccionar, permanecemos en facilidad o ecuánimes. Esta forma de ecuanimidad a veces es comparada al amor de una abuela. La abuela claramente ama a sus nietos, pero, gracias a su experiencia con sus propios hijos, es menos probable que caiga atrapada en el drama de las vidas de sus nietos. 

Lejos de estar secos e indiferentes, la verdadera ecuanimidad es afectiva y ofrece una presencia tangible, pero una presencia libre de reactividad y angustia.

Mi maestro, Thich Nhat Hanh, añade otra dimensión a la ecuanimidad al enseñar que upekkha es la práctica de la inclusión. Es la habilidad de incluir muchas perspectivas, de mantenerse firme, y al mismo tiempo no tomar partido. Recuerdo que una vez le pidieron que firmara una petición en contra del aborto. Él es un monje budista y enseña la reverencia por la vida, pero se negó a firmar esa petición porque sintió que no era inclusiva; el lenguaje era dogmático, insistiendo en que una cosa es la correcta en todas las situaciones. Él tiene experiencia con gente escapando de Vietnam tras la guerra, y conoció a gente quienes han estado en todo tipo de situaciónes aterradoras y traumáticas, incluyendo la violación. Él entendió que forzar a alguien a tener un hijo que no quiere, concebido en una violación, por ejemplo, puede ser trágico tanto para la mamá como para el hijo. Él enfatizó la necesidad de apertura y de no ser ideológico, dogmático o prisionero de nuestras ideas o perspectivas. Su negación a firmar la petición fue para mí una enseñanza poderosa de cuidar con ecuanimidad; trabajar por mantener la imagen completa, tanto como sea posible, no sólo una perspectiva.

Ser inclusivo significa que damos y tenemos espaciosidad. Pero ¿cómo enfrentamos al mundo tal como es y no dejamos que nos aplaste? ¿Cómo podemos no dejarnos sobrecoger? Thich Nhat Hanh escribe,

Cuando yo era un novicio, no podía entender por qué, si el mundo está lleno de sufrimiento, el Buda tiene una hermosa sonrisa. ¿Cómo es que no está perturbado por tanto sufrimiento? Más tarde descubrí que el Buda tiene suficiente comprensión, calma y fuerza; es por eso que el sufrimiento no lo sobrecoge. Él es capaz de sonreír al sufrimiento porque sabe cómo cuidar de él y ayudar a transformarlo. Tenemos que ser conscientes del sufrimiento, pero mantener nuestra claridad, calma y fuerza para que podamos ayudar a transformar la situación. El mar de lágrimas no nos puede ahogar si tenemos karuna. Es por eso que la sonrisa del Buda es posible. 

Esta sonrisa del Buda está enraizada en la ecuanimidad; en el ver una circunstancia dada desde todos los lados. Cuando yo estaba practicando como una monja en la comunidad de Plum Village, una pregunta similar surgió mientras estaba haciendo el ejercicio de meditación  “Inhalando, moro en el momento presente; exhalando, sé que éste es un momento maravilloso”. De repente me sentí atorada, preguntándome genuinamente: con toda la violencia, el odio, la inequidad en todo el mundo, ¿cómo podemos afirmar en verdad que este es “un momento maravilloso”? Yo llevaba años practicando esta meditación, pero este fue el momento de la verdad, de sentirme realmente perdida.

Dejé que la pregunta se asentara y empecé a ver cómo en este momento presente, junto con todo el sufrimiento y el dolor, hay también muchos seres apoyando a otros. Hay corazones de compasión abriéndose para aliviar el sufrimiento, para cuidar de otros, para enseñar, para mostrar un camino diferente. Hay gente que es valiente y que se levanta firmemente por aquello que creen que es lo correcto, gente protegiendo los océanos, limpiando ríos y playas, gente defendiendo a los oprimidos. Hay aquellos en cada esquina del planeta quienes, callada y compasivamente, están haciendo lo que necesita hacerse.

Fui capaz de tocar el conocimiento de que, sí, este momento presente también es un momento maravilloso. Vi que el sufrimiento no tiene que desaparecer para que la belleza pueda estar ahí, que la vida se trata de todas estas cosas al mismo tiempo. Fue un momento de cultivar la ecuanimidad; esta habilidad de sostenerlo todo. Hay un gran terror  y dolor, y hay un gran amor y gran sabiduría. Todos están aquí, coexistiendo en este momento.

Necesitamos la sangre fría de la ecuanimidad porque hay tanto ardor en el mundo en este momento -y se está calentando aún más. El intento de golpe de Estado y la tormenta en el Capitolio en enero, por ejemplo -¿Cómo nos relacionamos con estas fuerzas con una compasión clara y aguerrida, llamando a aquellos involucrados hacia la justicia sin deshumanizarlos? ¿Cómo vemos a estos participantes desde todas las perspectivas y los incluimos en nuestros corazones?

Mi padre y yo estábamos reflexionando acerca de esta violenta intervención y cómo no fue prevenida, incluso cuando hubo una amenaza previa. Siendo mi padre un maestro de dharma y ministro cristiano, me dijo, “Cuando nos vemos a nosotros mismos como víctimas, ese es el yo separado. Cuando nos vemos a nosotros mismos como amados, ese es el no-yo”. Cuando nos vemos a nosotros mismos como amados, llenos de amor bondadoso, nos vemos a nosotros en todos y a todos en nosotros mismos.  Es ahí cuando tenemos una fuerza con la cual podemos enfrentar la ignorancia, la discriminación, e incluso la violencia en otros de tal modo que no nos paralize al llenarnos de odio. Cuando nos vemos a nosotros mismos como amados, no estamos en oposición a nadie. 

Durante la guerra en Vietnam, Thich Nhat Hanh dijo que las otras personas no son nuestros enemigos; que un ser humano nunca es nuestro enemigo. Nuestros únicos enemigos son la delusión, el odio y la ignorancia. Es posible desenraizar estos en nosotros y en los demás. Si nos vemos a nosotros mismos como amados, no como víctimas, podemos encontrarnos a otros sin malicia, incluso cuando estamos en desacuerdo. Ese es el poder de la ecuanimidad, o de la inclusión. 

El Rev. Dr. Martin Luther King Jr., en su ensayo “Loving Your Enemies,” [Amando a tus enemigos] ofreció esta exhortación:

A nuestros oponentes más acérrimos les decimos: “Debemos igualar tu capacidad para infligir sufrimiento con nuestra capacidad para soportar sufrimiento. Debemos enfrentar tu fuerza física con nuestra fuerza de alma. Haznos lo que quieras, y continuaremos amándote. En buena conciencia, no podemos obedecer tus leyes injustas, porque la no-cooperación con el mal es una obligación moral tal como la cooperación con el bien. Métenos a la cárcel, y nosotros debemos seguirte amando. Bombardea nuestras casas y amenaza a nuestros hijos, y debemos seguirte amando. Envía a tus delincuentes encapuchados infractores de violencia a nuestra comunidad a media noche y golpéanos y déjanos medio muertos, y te debemos seguir amando. Pero estáte seguro de que te derribaremos con nuestra capacidad para sufrir. Un día deberemos ganar la libertad, pero no sólo para nosotros. Debemos apelar a tu corazón y consciencia que te debemos ganar en el proceso, y nuestra victoria será una victoria doble.”

Esto también es la voz de la ecuanimidad. Si el Dr. King aún estuviera con nosotros hoy en día, quizás añadiría, “Intenta un golpe de Estado, profana los recintos de nuestro gobierno, aterroriza a nuestros representantes electos, y te debemos seguir amando. Te haremos responsable de esto y trabajaremos para que no continúes causando daño, pero te debemos seguir amando. Porque tú eres nosotros. Y nosotros somos tú.”

Los Estados Unidos están profundamente divididos. Alrededor de ochenta y un millones de personas votaron por Biden y setenta y cuatro millones votaron por Trump, casi la mitad. Compartimos este país, y, sin embargo, es cada vez más difícil experimentarlo como una nación. 

Una vez vi una ilustración de la palabra “nosotros” en letras grandes como burbujas, y, dentro, en letras muy pequeñas, cientos de veces la palabra “ellos”. ¿Quién es nosotros? ¿Quiénes son ellos? Nosotros somos ellos. Ellos son nosotros.

Sharon Salzberg cuenta la historia de cuando hizo una práctica intensiva de metta por seis semanas con su maestro en Burma. En una entrevista de práctica, su maestro le preguntó, “Si tú estuvieras con un amigo, un enemigo, y una persona neutral, y unos bandidos de pronto los atacaran y secuestraran a ustedes cuatro y te ordenaran sacrificar a una persona para que la maten, ¿a quién escogerías? Ella meditó en esto profundamente por días. Finalmente, regresó con su maestro y le compartió que había visto en su corazón buscando la respuesta más profunda y verdadera a esta pregunta, y encontró esto: “No veo la diferencia entre ninguno de nosotros. No puedo escoger.”

La ecuanimidad no es indiferencia ni frialdad. No significa que no ames a todos tus hijos; significa que amas a todos tus hijos sin discriminación. También significa que no discriminamos entre nosotros mismos y otros. Así que incluso si estamos involucrados en un conflicto, la práctica -y ésta es una práctica avanzada- es mantenernos imparciales, capaces de amar y entender (tan siquiera tanto como podamos), viendo humanidad en todas las partes del conflicto. Cuando somos capaces de ponernos en la piel de otra persona o grupo y verlos a los demás como a nosotros mismos, ver que no hay un yo y un otro, entonces realmente podemos amarlos. Si me veo a mí mismo como el que ama y al otro como el que es amado, si de algún modo me veo superior o separado del otro, entonces eso no es verdadera ecuanimidad. Eso no es amor verdadero. 

La ecuanimidad nos ayuda a tomar una perspectiva más amplia y grande. Cada persona tiene su propio viaje, su propio camino que caminar; nosotros no siempre vemos la lógica de su trayectoria. No podemos ver qué es lo que ellos necesitan atravesar en sus vidas para aprender las lecciones que ellos necesitan aprender, para crecer en los modos en los que ellos necesitan crecer. Con esta frescura, podemos ver que esta vida está hecha con lo que en el daoísmo se le llama “las diez mil alegrías y las diez mil penas”. Toda la belleza, la felicidad, la maravilla, la conexión, la pertenencia, y toda la separación, la angustia, la depresión, el desconsuelo, es la vida humana. Esto no significa que no tratemos de aliviar el sufrimiento cuando puede ser aliviado. Pero tocamos una libertad más grande cuando podemos aceptar el sufrimiento como parte del camino y no como una equivocación. Con la ecuanimidad, podemos saber cómo no empeorar las cosas cuando llega el dolor; podemos elegir no añadir más peso al dolor al resistirlo, suprimirlo o juzgarlo. En vez de esto, podemos elegir abrirnos a él; permitir el hecho de que cierta medida de dolor es parte de la vida.

Cuando recibí los votos de bhikshuni, fue después de practicar por tres años como novicia. Había estudiado los 348 preceptos, pero en el día de la ceremonia, por primera vez, aprendí acerca de cuatro más: las Cuatro Maneras de Enfrentar Ciertas Situaciones.

A través de la ecuanimidad, nos fortalecemos con el no-miedo, con compasión y aceptación.

Estos cuatro votos son, esencialmente, acerca de mantener la ecuanimidad en la cara de la agresión, con lenguaje como, “Si alguien me insulta, no lo insultaré de vuelta. Si alguien me golpea, no lo golpearé de vuelta”. Como escuché estas prácticas que me fueron explicadas por primera vez, me sentí tan movida que estallé en lágrimas. Estaba haciendo votos de que no importa cuánto daño, malicia o incluso agresión física con la que alguien me trate, no lo regresaré del mismo modo. Esto no significa que me dejaré ser un tapete para la gente; significa que me comprometo a la no-violencia, a desenraizar la mala voluntad de mi mente. Es un compromiso profundo de metta.

Podemos ver esto en la vida del Buda. Hubo gente que lo insultó, pero él no se lo tomó personal. Él no los insultó de vuelta. Mucha gente lo malinterpretó e incluso se sintió amenazada por él, sin embargo él mantuvo la ecuanimidad. Su propio primo, Devadatta, trató de asesinarlo; él ordenó a un asesino que empujara una roca arriba de él, intentando aplastarlo. El Buda escapó a tiempo, pero fue herido por una pieza de la roca. Aún así, el Buda no tenía odio hacia Devadatta. Cuando Devadatta finalmente despertó de su estado de confusión tras años de confabular para socavar al Buda y dividir a su comunidad, él le pidió perdón al Buda, y el Buda, compasivamente lo perdonó y le dio la bienvenida de vuelta a la sangha.

En otra ocasión, la sangha completa del Buda fue difamada y calumniada por gente que tenía resentimientos en contra de ellos y que se sentían amenazados por su presencia. El Buda no se lo tomó de modo personal. No reaccionó. No se enojó. Viendo con claridad lo que estaba detrás de estas acciones torpes, él trabajó para enfrentar la causa-raíz de ellas.

Esta práctica de ecuanimidad, o inclusión, nos puede dar un gran valor. El Buda dijo que cuando tienes ecuanimidad, tienes una mente de paz inconmensurable. Cuando tienes paz, tienes mucha libertad. Y cuando tienes libertad, no tienes miedo. 

Hay una película llamada Romero, acerca de la vida del Arzobispo Oscar Romero de El Salvador, quien se convirtió en un santo en la iglesia católica. Una de las escenas más poderosas es cuando los militares se apoderan de la iglesia en San Salvador. Cuando el Arzobispo Romero insiste en entrar a la iglesia, los soldados se burlan de él; el comandante dispara su ametralladora hacia el altar, acribillando el tabernáculo con balas. Pero Romero no es disuadido. Él le dice a los soldados, “Si lo tienen que hacer, entonces dispárenme”.

Hay algunos cientos de personas congregadas de pie en la plaza. Siguiendo a Romero, todos se mueven juntos hacia la iglesia ocupada por los soldados, quienes portan sus armas apuntando hacia él y hacia el grupo de gente detrás de él. Y él continúa avanzando pacíficamente. Los soldados bajaron sus armas. Todos caminan quietamente hacia la iglesia. Enfrentando su no-miedo, los soldados se retiran. Es emocionante atestiguar ese tipo de valor. Con sus acciones, él dice, “Esto es lo que es correcto. Esto es lo que necesito hacer. Tú haz lo que necesites hacer. Lo que yo hago no depende de lo que tú haces o no haces”. Los soldados no lo pueden detener; en ese momento, ellos saben que él no tiene miedo a la muerte. 

Este tipo de valor, esa ausencia de miedo o valentía, esa negativa compasiva a moverse; ésa es la frescura de upekkha.

En el cultivar la ecuanimidad hay paz, y en esa paz hay un gran poder; los dos van de la mano. A través de la ecuanimidad, nos fortalecemos con el no-miedo, con compasión, con aceptación. Cultivamos la fuerza para enfrentar la realidad sin ser aplastados por ella. 

Así es como se ve el amor. 

ACERCA DE KAIRA JEWEL LINGO

Kaira Jewel Lingo enseña meditación budista, mindfulness y compasión seculares de modo internacional. Ella pasó quince años como monja en la comunidad monástica de Thich Nhat Hanh y es ahora una maestra de dharma laica tanto en la tradición Zen como en la tradición Vipassana, desde las cuales se enfoca en la justicia racial, justicia climática y justica social. Su libro, We Were Made for These Times: Skillfully Moving through Change, Loss, and Disruption (Parallax) está agendado para ser lanzado al público en octubre. Mantén el contacto con ella a través de su página:  kairajewel.com

ACERCA DE RATNA DAKINI (Traductora)

ratna dakini es una yoguini budista tibetana, poeta y traductora originaria de México. Ha publicado dos libros de poesía de dharma, el último titulado Sunbird (2020). Ha traducido para la Comunidad de Meditación de Tergar por Aprox. 6 años, y continúa traduciendo para Tergar, así como para la página en español de Lion’s Roar. Actualmente vive en San Miguel de Allende, donde enseña Yoga, practica danza y prepara un tercer libro de poesía.

 

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